Anoche corrobore que, efectivamente, el destino me odia.
Cuan fácil se hace justificar nuestros actos en función de un orden superior.
Entonces, por el mero hecho de ir contra lo ya establecido y tratando de mantener en alto el estandarte del reclamo y la disconformidad, he decidido hacerme cargo de todo cuanto suceda en mi vida y sea plausible de ser atravesado por mi voluntad.
Tampoco pretendo ser un megalómano que no conoce de limites y desborda de omnipotencia.
Pero si voy a intentar responsabilizarme por todo cuanto pueda, para así dejar de lado el esoterismo y el orden superior de las cosas; reemplazándolos por la mera conciencia y adjudicacion de autoría en cada acto y pensamiento.
De esta forma no cabria lugar para arrepentimientos ni autorreproches.
Y de esta hermosa predisposición nace el irrefrenable sabor amargo que me inunda el alma en este amanecer de domingo. El inevitable displacer anudado a lo ajeno y ominoso de aquellas otras personas que no comparten mi forma de pensar.
Cuan fácil se hace justificar nuestros actos en función de un orden superior.
Entonces, por el mero hecho de ir contra lo ya establecido y tratando de mantener en alto el estandarte del reclamo y la disconformidad, he decidido hacerme cargo de todo cuanto suceda en mi vida y sea plausible de ser atravesado por mi voluntad.
Tampoco pretendo ser un megalómano que no conoce de limites y desborda de omnipotencia.
Pero si voy a intentar responsabilizarme por todo cuanto pueda, para así dejar de lado el esoterismo y el orden superior de las cosas; reemplazándolos por la mera conciencia y adjudicacion de autoría en cada acto y pensamiento.
De esta forma no cabria lugar para arrepentimientos ni autorreproches.
Y de esta hermosa predisposición nace el irrefrenable sabor amargo que me inunda el alma en este amanecer de domingo. El inevitable displacer anudado a lo ajeno y ominoso de aquellas otras personas que no comparten mi forma de pensar.