26 jul 2011

Bazaar II

Que desconsiderado de mi parte el olvidar el aniversario del blog.

Vengo hace semanas considerando cosas para escribir y, justamente el dia en que debería haberlo hecho, lo olvido por completo.

Solo me restan 30 minutos antes de que se complete el primer año de este espacio, así que supongo que tendré que ser veloz.

Son innumerables las cosas que no llegué a publicar por diversos motivos. Asimismo, solo pocas de las publicadas realmente son tan especiales para mi como para ser recordadas. De todas esas voy a reescribir una que creo que supo ser bastante significativa.


(…)


Un cuarto de siglo ya transcurrió y como en tantas otras oportunidades me encuentro envuelto entre las sabanas mirando fijamente el techo, escribiendo sin prestar atención a la pantalla y sin percibir el más ínfimo ruido en este suntuoso silencio.

En tan solo un año han cambiado muchas, muchísimas cosas.

Todo lo que recorrí antes con ese bolso plagado de fragmentos de mi vida ha sido fructífero de sobremanera y, bajo esta misma premisa, es un momento ideal como para vaciar el contenido y llenarlo nuevamente.

Obvio que hay cosas que siempre van a quedar, pero en este texto relámpago creo que voy a poder agregar otras tantas nuevas.

Así que me dispongo nuevamente a tomar el bolso y poner en el todo aquello que no estoy dispuesto a olvidar jamás:

Algunos souvenirs y recuerdos de orígenes diversos, algunos discos y canciones, las risas fraternales, alguna amistad penosamente perdida, mis prendas preferidas, la foto de mi hermano de bebé,  mis palabras, las caricias, mis disfraces, la virgen en mi repisa –uno de mis últimos vestigios de catolicismo quizás- que me recuerda a una persona a quien supe apreciar mucho y dudo que alguna vez pueda olvidar el día que se fue, algunas líneas de película, cierta ciclotimia irrespetuosa y conflictiva, mi angustia agobiante que esporádicamente atenta contra mí, mi tatuaje, el ritual de todos mis sábados por la tarde, algunos correos electrónicos, mi título de licenciado en psicología, las fotos del día de mi recibimiento, la inconmensurable felicidad que acompañó ese momento, ciertas ausencias, otras presencias veladas, las sorpresas, mi última orgia etílica, varios delirios, mi temor a la locura, mi dificultad para volver a expresar algunos sentimientos, un anillo que me regaló mi hermano, los amigos que han sabido serlo, mis padres que aun plagados de defectos hicieron y hacen lo mejor que pueden en todo momento, las lagrimas que me gustaría derramar en algún momento, “Cien años de soledad”, cierta megalomanía burlona, el respeto obtenido, los reconocimientos, las apuestas a futuro, la convicción irrefrenable de que me rodea la gente que quiero conmigo,  lo hiperpotente de las amistades sinceras, sentirme querido por quien soy, mi facilidad para el ridículo, mi estética, mi ética, algunos ideales, otras tantas perversiones, caprichos, una botella de whisky que un gran amigo me regaló hace tiempo y se resiste a ser abierta sino hasta el momento indicado, las horas y días de autoanálisis y reflexión, la irónica tristeza que me genera el saber que nada de lo que escriba llegaría a satisfacer mi objetivo literario, todas mis cicatrices, todos mis defectos, las peleas, los disgustos, los fracasos, los rumores, las traiciones, la bufanda que me hizo mi abuela, los besos recopilados, los gritos, la violencia, la calma, el silencio, los susurros, las charlas de café, algunos de los textos que escribí, el abrazo de un amigo a quien extraño mucho por más banal que parezca todo, el argot de la palabra amor, las caricias nuevas, las antiguas, el dormir acompañado, mis frases espontaneas que se diluyen con el fluir de los segundos, el comercio con la noche, la manipulación, la histeria, la cercanía con la perfección que se preserva puntillosamente lejana de la pretenciosa pulcritud y se asemeja más a lo concreto y alcanzable.


Y no podría jamás terminar de escribir y describir este listado. Mejor me voy a la cama medianamente satisfecho con esta producción y a la espera de otro año que transite sin ser siempre pensado.


Gracias a todo aquel que alguna vez, por acierto o por error leyó mis palabras.


Para todo hay un principio y un final; y en el medio una razón por la cual fingir.

13 jul 2011

Musas

Gracias a las verdades aleatorias y a las sorpresas constantes he podido recopilar un acervo respetable de experiencias que han servido de material para este blog.

Entre las numerosas fuentes de inspiración, han sido los vínculos que he formado, o los intentos fallidos de los mismos, los que más me han nutrido a lo largo de este primer año.

Quisiera poder improvisar 100 versos sobre lo mágico que es esto, pero creo que no es necesario y además no suele ser mi estilo. Eso lo dejo para quienes aun necesitan de alguna novela y frases memorizadas como sustento.

Me conformo con remitirme a cuanta imagen recorra mi mente y brote en forma casual en este instante sin necesidad de corroborar su veracidad.


(…)


Mi primera brújula me llevó por innumerables rumbos, con idéntica cantidad de resultados y emociones vividas. Hubo algunas quimeras tempranas previas al primer hallazgo; pero fueron rápidamente opacadas por lo nítido de aquel encuentro. ¿Qué mas decir al respecto que no haya sido dicho en alguna otra ocasión?

Luego hubo un periodo de incertidumbre, nihilismo, lejanía, necesidad, indolencia y cualquier otra palabra que en algún momento vendrá a mí en posteriores lecturas y servirá de referencia útil para este fragmento temporal.

Un intervalo de reincidencia completamente necesario donde las mascaras caían y se develaban muchas verdades, no necesariamente negativas de hecho.

Luego, entré en una nueva geografía, cuyos senderos estaban muy desdibujados. Creía encontrar un rumbo para luego volver a perderme. Sinceramente fue un círculo vicioso que indefectiblemente culminó en un alejamiento tanto más que necesario. Aunque sería hipócrita de mi parte no reconocer cierta cuestión del goce anudada a este caricaturesco encuentro.

En simultáneo hubo una considerable cantidad de nimios esfuerzos por encontrar algo que evidentemente no necesitaba buscar. Desde excusas, manejos, silencios, juramentos efímeros, algún que otro olvido y otras tantas desavenencias.

A su vez, hubo mucha utopía condensada en una mente, en cada esquina habría una nueva oportunidad si y solo si me lo propusiera. A las claras fue una propuesta que jamás se concretizó, sino que supo permanecer tanto más velada que alguna otra irreverencia vociferada a los cuatro vientos.

La idea de lo imposible resonaba en la lejanía, un breve pasaje que siempre será recordado como tal. Algo breve, un capricho pueril, un festín, un placebo, dos horas.

Cuanto más deseaba culminar esta pieza con una mención invariablemente sincera de mi actualidad.

Estoy feliz.

Pero solo he logrado esto tras haber transitado todos los mapas, leído todos los cuentos, analizado todos los diálogos y el hace ya rato conocido etcétera que abarca las múltiples variables a introducir en este párrafo.

Como conclusión solo puedo tener una idea en mente que lograría condensar todos estos retratos someramente relatados: se me impone la simple y a la vez compleja noción de que en una época donde todo es cuantificable, resulta increíble pensar cómo se puede sentar tanto por alguien y que eso al mismo tiempo ocupe tan poco espacio.

Una reflexión válida para todo aquel que sepa donde esta parado.

4 jul 2011

30'

En el mes aniversario de este espacio, y tratando de dejar atrás varios impasses que me privaron de la posibilidad de expresarme libremente, heme aquí intentando mantener la creatividad y la reflexión como estandarte.


(…)


Hace algunos días tuve un lapsus.

30 minutos de duración plagados de reminiscencia, de nostalgia, de dudas, de celos, de martirio, de melancolía.

Ni un segundo más, ni un segundo menos en los que realmente no sabía dónde estaba parado.

Uno de esos momentos en los que realmente me encuentro tomado por una oleada irrefrenable de indeterminaciones que culminan con una imagen confusa de alguna puerta cerrándose, un abrazo lejano, desconsuelos, resignaciones, y una despedida.

Minuto 30 con 1 segundo y recupero mi calma, mi eje.

Al mismo tiempo que cierta lapida se desvanece, cobra vida un nuevo día envuelto entre las sabanas que cobijan mil historias, lágrimas, esperanzas, certezas y preguntas sin respuesta.

El tiempo pasa en todos lados y agradezco no ser la excepción.

De tus viudos desconozco, a tus maridos felicito; y yo, por mi parte, me encamino hacia otro extremo de este mundo abrigado con las cálidas caricias de este hermoso nuevo sol.

No tengo rumbo y no lo necesito.

Hoy más que nunca solo quiero caminar por 30 minutos o más.