29 jun 2011

Revancha

Es sorprendente como uno encuentra en producciones pasadas como esta, una suerte de revelación que acomoda las piezas nuevamente.

Si he tenido baches creativos a lo largo de los últimos meses, este seguro fue el más crítico de todos.

Nada de lo que escribía me llegaba a satisfacer. Todo era absurdo, prescindible, banal, “desprestigiante” –neologismo válido solamente si alguna vez me he ganado algún tipo de prestigio con mis producciones-.

Tras varias semanas de recopilar frases que brotaban espontáneamente decidí escribir un laissez-faire de ideas que, en el mejor de los casos, tendrá algún sentido.


(…)


Amanezco bajo la luz del reflector; cuan artificial es aquello que nos rodea. Tengo el fetiche de ser un ludita que jamás se desprende de la dependencia mecanicista, una ironía infeliz sin dudas.

A lo largo del día transitan rutinas, trabajos, ejercicios y una incesante recriminación martirizante ante alguna falta o error puntual.

En desmedro de reconocer lo omisible del martirio me encuentro con que defender la razón es una tarea más que ingrata.

Los rumores no mueren, perduran como susurros en la oscuridad y torturan del mismo modo que aquella gota que cae constantemente sobre una piedra para, de un momento a otro, terminar atravesándola.

Ante semejante paramo desolado de autorreproches surge un aliciente inesperado que eriza la piel, corta el aire, detiene relojes y acelera corazones.

El día que me sienta opacado o superado por la mera presencia de otra persona o algún evento infortunado será el momento en que deje de pensar en mí.

No es una cuestión egocéntrica ni megalómana, es la pura verdad sobra la que se apoyan las cosas. Uno debe tenerse a sí mismo como eje; el resto se vuelve superfluo si desestimamos nuestra propia existencia y nuestra propia inscripción dentro de cualquier marco conceptual y/o moral.

Sin dejar de considerar esto, se conjugan una serie de eventos que me llevan a reflexionar aun más hondo sobre cuestiones que ya consideraba olvidadas.

Jueves 3 am y sigo despierto, escribiendo.

Acabo de lidiar con un suceso confuso.

Un camino antes transitado con frecuencia despertó en mí una nostalgia inesperada. Era algo que asumía olvidado, uno de esos cuadros que nunca más vería la luz y se dedicaría a juntar polvo en algún atelier que permanece cerrado.

Me hizo replantearme muchas cosas al mismo tiempo que me vi obligado a contrastar todos mis cuestionamientos con mi actualidad.

Dudo haber sido más coherente en algún momento previo de mi vida.

Aprendí a  no traicionarme, a ser capaz de sostener una idea, a reír o llorar dependiendo de la situación sin vacilar ante nadie.


Acabo de tomar revancha de mi mismo.

14 jun 2011

Luto

“Dos monedas en los ojos; un ramo de flores; algunas lágrimas; una caminata silenciosa; la balsa; el secreto; el juicio; la condena; y así te fuiste… al menos eso pensaba”

Espontáneamente brotó en mí ese breve collage tan tétrico, que me recordaba a la imagen de un verdugo del medioevo.
Me levanto en forma abrupta, sigo en el colectivo yendo hacia algún lado con el sol asomando tímidamente entre las nubes.

Suena mi teléfono, algún aviso, algún derrumbe, una brisa, nimiedades. Sea lo que fuere, no quiero saberlo. No me siento preparado para salir de mi perplejidad.

En mi afán de saber el “porque” de muchas cosas, me sumerjo en mis palabras. Solo puedo pensar en la muerte, dejar ir algo, creer que se llega al final de una carrera, al mensaje en una piedra, a la persistencia en la memoria.

¿Cómo se hace para olvidar? Quien seria dichoso de poder elegir voluntariamente el momento en que algo se desvanece en los registros del pasado.

Envidio al que se conforma con caricias, con aromas tenues, con frases de boutique, poemas de kiosco, o una somera alegoría de ternura que jamás perdió su revés de cliché.

En todo este pensamiento se hace evidente la necesidad de delegar en el tiempo y en el “seguir adelante”.

No creo en el duelo como el sinónimo del olvido.

Creo que pasar por el proceso de duelo es despojar de algo a aquello que se perdió.

Entonces el tiempo nos permitiría hacer una suerte de olvido selectivo en donde entiendo que jamás algo se pierde por completo.

Y el “seguir adelante” no es más que eso; y bajo ningún punto supone una superposición de vivencias o algo por el estilo.

Por un lado es algo positivo, se rescata la unicidad al mismo tiempo que le melancolía se vuelve muy factible.

Tantos cuestionamientos por mi disconformidad con lo efímero.

10 jun 2011

Certezas

Siempre llegan esos momentos en que veo desmoronarse ante mí a tal o cual idea, persona, proyecto.  Catastrófico sin duda, solía vivir estos ocasos con una verdadera angustia que permanecía muda para cualquier incauto observador.

Aunque, debido a cierto optimismo o cambio de óptica recientemente adquirido, he llegado a entender que junto con estas caídas, siempre suele surgir algo nuevo.

Inevitablemente quiero escribir algo inconcluso y si alguien tiene alguna idea de cómo terminarlo, será bienvenid@...


(…)


Palabras que dejan de resonar,
Engaños,
Un teléfono que nunca va sonar,
Un proyecto que fracasa.

La espera agónica,
Fuera de las posibilidades de acción.
La traición,
Gélida daga que se incrusta en la espalda.

De la nada, un haz de luz,
Que sin el don de la vista no sería nada.
Se ilumina el cuarto,
Se vislumbra la puerta.

Lo perdido queda en evidencia,
Ante la alegría de lo hallado.
La espera culmina,
Cuando el reloj deja de contar las horas.

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