Me gusta ese ambiente de bar antiguo; como detenido en el tiempo.
¿Quién sabe? Tal vez haya una suerte de identificación con esa impronta.
Pido lo de siempre: “café doble por favor”.
Creo que estoy atentando contra mi cuerpo si considero los niveles de cafeína que ingiero últimamente.
Escribo y esquivo mi tarea.
Tendría que estar leyendo un artículo de algún autor en algún libro en vez de ser artífice de este divague narrativo.
Pero al ser invadido por algo similar a la inspiración, me resulta ineludible sumergirme en los que emularían breves trabajos cuya densidad a nivel de comprensión resulta inevitable; al mismo tiempo que son fácilmente entendibles. Dicotomía pura.
Sea como fuere, retomo mi habito de escribir anteponiendo esta suerte de contexto a las próximas tres publicaciones.
Y cierro con una frase de mi autoría –creo- que llegó fortuitamente a mi mente y se supo mostrar valida:
“A pesar de lo inmediato de este encuentro, espero que tengamos unos minutos que perduren para la posteridad antes que para el olvido”