Hace exactamente un año y dos semanas que escribí esto, y preocupa su vigencia.
Cada creación porta en si misma la semilla, el germen de su propia destrucción. Al menos eso leí en algún lugar.
Asumo que esto sería una especie de queja,
de reclamo contra aquello tan visiblemente oculto. Expresión sumamente irónica
para intentar poner en palabras esos momentos en los que uno se encuentra
contemplando una escena cuyo desenlace conoce pero no puede decir nada.
(…)
Una vida transitada con muletas ajenas,
parches, mentiras, silencios que te llevaron hasta el momento en que te
encontrás. El aire está viciado con tu ausencia, con tus reclamos, con tus
distancias.
“Uno cosecha lo que siembra” versa una
conocida frase. Vos cosechas soledad, tristeza, amargura y reclamos que no
deberían tener otro destinatario más que vos.
Nunca debería haber sucedido, aun a cuesta
de que eso significara mi propia inexistencia, jamás debería haberse tramado
semejante plan en el que terminas en la ruta que te lleva lejos de acá, lejos
de todo.
Siempre estuviste por fuera, enajenada,
renegando de algo que creaste.
Te veo impasible, comerciando con la pena
que intentas generar de modo tal que permaneces impune ante tu inminente
responsabilidad.
Ojala que la distancia te haga crecer.
Yo desde mi lugar solo pretendo mejorar,
hacer de tus errores mis aciertos, de tus lagrimas mis alegrías, convertir tu
vida en una novela, en un drama que solo sirve para ser leído pero jamás para
ser vivenciado.
Pugno por no ser otro más en la perversa
genealogía de los mártires; y estoy sumamente agradecido al ver que día a día
lo logro.
Sin embargo, tengo que agradecerte, hiciste
de mi alguien capaz de criticarte, de reprocharte, de matarte, de dejarte caer y
seguir adelante.
Por eso y mucho mas es que te amo al mismo
tiempo que logro aborrecerte.
Que seas feliz…
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