27 jun 2012

Germen


Hace exactamente un año y dos semanas que escribí esto, y preocupa su vigencia.

Cada creación porta en si misma la semilla, el germen de su propia destrucción. Al menos eso leí en algún lugar.

Asumo que esto sería una especie de queja, de reclamo contra aquello tan visiblemente oculto. Expresión sumamente irónica para intentar poner en palabras esos momentos en los que uno se encuentra contemplando una escena cuyo desenlace conoce pero no puede decir nada.

(…)

Una vida transitada con muletas ajenas, parches, mentiras, silencios que te llevaron hasta el momento en que te encontrás. El aire está viciado con tu ausencia, con tus reclamos, con tus distancias.

“Uno cosecha lo que siembra” versa una conocida frase. Vos cosechas soledad, tristeza, amargura y reclamos que no deberían tener otro destinatario más que vos.

Nunca debería haber sucedido, aun a cuesta de que eso significara mi propia inexistencia, jamás debería haberse tramado semejante plan en el que terminas en la ruta que te lleva lejos de acá, lejos de todo.

Siempre estuviste por fuera, enajenada, renegando de algo que creaste.

Te veo impasible, comerciando con la pena que intentas generar de modo tal que permaneces impune ante tu inminente responsabilidad.

Ojala que la distancia te haga crecer.

Yo desde mi lugar solo pretendo mejorar, hacer de tus errores mis aciertos, de tus lagrimas mis alegrías, convertir tu vida en una novela, en un drama que solo sirve para ser leído pero jamás para ser vivenciado.

Pugno por no ser otro más en la perversa genealogía de los mártires; y estoy sumamente agradecido al ver que día a día lo logro.

Sin embargo, tengo que agradecerte, hiciste de mi alguien capaz de criticarte, de reprocharte, de matarte, de dejarte caer y seguir adelante.

Por eso y mucho mas es que te amo al mismo tiempo que logro aborrecerte.

Que seas feliz…

No hay comentarios:

Publicar un comentario