Ya no tiene sentido andar rememorando situaciones, entremezclando rostros, desdibujando los límites de cada cuerpo para fundirlos en una quimera de significantes que bordea lo utópico; al menos, ese sentido está ausente hoy.
¿De qué te sirve mirarme a los ojos si solo necesitas mis oídos? ¿Para qué insistís en delegar todo a un supuesto destino que tranquilamente puede ser manipulado? ¿Por qué, de todas las posibilidades remotamente sospechadas en esta vida, tuviste que cruzarte en mi camino? ¿Cuándo me volví un cliché del utilitarismo?
Todas preguntas victimizantes sin duda.
Reflejos de la impunidad con la que lo espontaneo del encandilamiento se manifiesta.
Hoy, para variar, quisiera pensar las cosas de otro modo; alterar el esquema y saber cuál es el camino correcto para así evitar este ensayo – error interminable que, cual fuerza centrifuga, siento que me aleja del centro y me mantiene en la órbita de tu presencia.
De todo lo escrito hasta ahora, lo de hoy realmente apela a un intento de catarsis.
Manuales, consejos, estrategias, canciones, palabras, actos, videos, planos, guías y lazarillos fueron todos instrumentos para poder, al menos, intentar entender qué es lo que se encuentra escondido tras esa aura que me encandila y ese cuerpo que me desorienta.
Irónicamente es recién ahora que lo entiendo.
Tras escribir esto comprendo que entenderte jamás debería haber sido una opción; es tanto utópico como innecesario el considerar la posibilidad de que se pudiera redactar teóricamente todo cuanto pensabas y sentías de modo tal que me fuese simple el proceder.
Consecuentemente, vuelvo a la incógnita del deseo. Entonces, ¿cómo se puede volver uno deseo del otro?
He ahí la pregunta que condensa mi reflexión y evidencia mis limitaciones.
Aunque, mas allá de todo, el mero hecho de cuestionarlo abre un espacio para quien no quiere claudicar…
Después de todo, parece que existe un revés alentador en esto.
Como quien ve caer el sol en oposición a quien ve nacer la noche...
"Consecuentemente, vuelvo a la incógnita del deseo. Entonces, ¿cómo se puede volver uno deseo del otro?"
ResponderEliminarSegun Hegel, el Yo del deseo es un Yo vacío que se dirige a un no-Yo con el fin de asimilarlo. Este no-Yo es lo deseado. El movimiento de la autoconciencia requiere de un deseo que se fije sobre un objeto no-natural, sobre una cosa que supere la realidad dada. El deseo pasa a ser entonces revelador de vacío, presencia de ausencia. Es otra cosa que la cosa deseada. Si en Hegel se lee que el deseo humano ha de dirigirse sobre otro deseo, en Lacan el aforismo que se desprende es: "el deseo es el deseo del Otro". Recapitulando, el deseo se dirige hacia un objeto positivo dado. El deseo humano se dirige sobre otro deseo, quiere ser deseado, reconocido como individuo humano. Pero este deseo tiene una aspiración máxima que consiste en ser reconocido por la mayor cantidad posible de semejantes, y el punto culminante sería lograr el reconocimiento del Estado Universal.