Creo que escribir sobre alguien sin nombrarlo dota a esa persona de una suerte de plusvalía que radica en lo ominoso y lo velado de su existencia por fuera de este relato ad honorem.
Diría que habrá siempre algo de lo no dicho, un margen desdibujado sobre el cual uno siempre podrá ir más lejos, más hondo, sin dejar jamás de sorprenderse.
Tan breve como imperecedero, tan ficticio como real, tan sincero como falaz, tan meticulosamente organizado como desprolijo.
Así es.
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