Desde que se gestó este espacio tuve todo tipo de musas: las hubo efímeras, melancólicas, fantásticas, dramáticas, nihilistas, falaces, etcétera.
Pero creo haber encontrado otra fuente de inspiración que se teje día a día en la medida en que nuestras manos se encuentran, nuestros ojos vaticinan complicidades y el mutismo solidario vuelve prescindibles a las palabras.
Ahí, en ese punto más cercano a la convergencia entre utopía y realidad, es donde brota un afluente del cual se nutre mi capacidad literaria en la actualidad.
Creo que una sinceridad aberrante, conjugada con cierto carpe diem emocional, hacen de cada instante compartido, una experiencia vívida y plausible de ser atesorada.
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