En el punto en que tú recuerdo no se desprende de mi almohada. Donde el murmullo de tu voz acecha entre mis sabanas. Es el instante preciso donde despierto y contemplo tu ausencia; rememoro tus dichos y amargamente pienso: no te creo.
No te creo cuando prometías un cambio que nunca iba a llegar,
Cuando tus lágrimas hablaban de nostalgias,
Cuando tus palabras me tenían por destinatario.
No te creo cuando decías que las cosas iban a mejorar,
Cuando contestabas que ibas a volver pronto,
Cuando tu boca no emitía sonido alguno.
No te creo cuando querías recordar mi nombre en la ausencia,
Cuando tus decisiones no dependían del destino o derivados,
Cuando pintabas murales de rostros ajenos.
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